Hernán Coronel. Nota realizada por el Diario de Cuyo

Hernán Coronel llegó desde Capital Federal en febrero del 2020 con la intención de aprender y elaborar vinos. Seis años después reinventó su pasión, apuesta al desarrollo y sigue emprendiendo en la provincia que eligió como hogar

Las decisiones que se toman en lo largo de la vida marcan el rumbo de lo que hacemos o dejamos de hacer. Hernán Coronel hace seis años decidió dar un vuelco a su vida, dejando atrás la ciudad de la furia para llegar a una provincia que desde el primer momento le recordó su hogar natal. Un traslado del trabajo le permitió arribar a San Juan a fines de febrero de 2020, semanas antes de la pandemia por coronavirus, con un propósito: elaborar vinos.

Hoy la Cervecería Cuyo es su gran orgullo. Sin embargo, aquella fábrica de elaboración de cerveza artesanal no estaba siquiera en sus planes antes de llegar a la provincia. “Vi una publicación de la venta de un bloque de cocción de cerveza, que son tres ollas. Como en los últimos años en Buenos Aires me había metido con la movida de la cerveza como consumidor y tenía muchos contactos lo pensé como un negocio. Podía comprar el bloque y luego venderlo”, destacó. Así, sin preverlo, dio los primeros pasos en lo que luego sería una fábrica de cerveza propia.

Hernán es oriundo de Navarro, un pueblo que se encuentra al oeste de Buenos Aires, que comparte pintorescas similitudes con San Juan, o al menos eso fue lo que sintió el joven cuando conoció la provincia.

“Tenía el sueño de producir vino. Pedí el pase en el trabajo a Mendoza, donde tenía más chances por cupo, pero me dijeron que había una posibilidad en San Juan. Como no conocía vine con unos amigos y me enamoré. Sentí que era el mix entre mi vida en Navarro y la de Buenos Aires”, comentó.

Instalado en la provincia, el siguiente paso del plan era interiorizarse y aventurarse sobre la producción de vino, su gran sueño. Pero el aislamiento social por el COVID-19 le entorpeció los planes. Con meses encerrado, sin conocer a nadie, asegura que pasó demasiado tiempo en las redes. Ese tiempo lo llevó a encontrar la publicación sobre la venta de las ollas.

Cómo si hubiera estado destinado para ello, pasó de analizar la compra de tres ollas a adquirir una fábrica completa, que era lo que estaba ofreciendo el vendedor de manera separada. Lograrlo no fue sencillo, pero gracias al espíritu inquieto y emprendedor pronto comenzó a activarla.

Un trabajo fino en la receta, evaluación del agua y seguimiento pormenorizado de cada instancia del proceso le permitieron a Cuyo cosechar los primeros premios que avalaban la calidad del producto. Incluso en su haber cuenta con una Medalla Dorada de la Copa Cuyana de 2021.

Hoy la fábrica Cuyo ofrece al público sus variedades Dorada Pampeana, Scotch Ale, Porter, Robust Porter (una reversión más intensa con vainas de algarrobas tostadas que provee el INTA de Valle Fértil), APA, Session IPA, IPA, Red IPA, Honey, entre otras; más las que van sumando a medida que van indagando e innovando sobre las recetas, como la edición especial de alcaucil que elaboraron para la Fiesta del Espárrago y el Alcaucil que se realiza en el Médano de Oro. Todas las variedades se distribuyen en más de 40 puntos de ventas en toda la provincia en formato pet (botella de plástico); barriles y latas; y no descarta extender su presencia incluso más allá de las fronteras sanjuaninas. “En un momento mandaba a mi pueblo, por el orgullo de estar ahí, pero era demasiado costoso la logística”, detalló Hernán.

Las particularidades de Cuyo, además de transmitir identidad en su nombre, es que rescata las bondades de materia prima local. Así, por ejemplo, Honey es elaborada con mieles locales que se pueden percibir desde el aroma. Además, incursionaron con membrillo y otros ingredientes, siempre con la intención de brindarle a cada trago un valor agregado, novedoso y propio.

El sueño de hacer vino no quedó en el olvido, ya que Hernán continuó potenciando los lazos hacia la actividad vitivinícola, pero la cerveza es el ámbito en el que encontró potencial, donde puede “jugar” y crear, siempre cuidando la calidad para que la devolución sea positiva. “Siento que cuando conocen el producto se llevan una experiencia. Que alguien venga y me diga ´Qué rica cerveza’ para mi es un montón, y esa es la principal motivación para continuar adelante”, reflexionó el navarrero, sanjuanino por adopción.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *