Hasta siempre. El adiós a Héctor Miranda

Nos dejó como eligió vivir. En silencio...

Y un día nos dejó Héctor. «Marcelino» le decía yo para cargarlo, a sabiendas que lo incomodaba que lo llamaran por su segundo nombre. La respuesta del otro lado no tardaba en llegar ¿Qué hacés sinverguenza? Y allí comenzaban a transcurrir extensas charlas en las que nunca faltaba su querido Boca Juniors, la actualidad del pueblo o cualquier otro tema de su interés.

Más de 50 años estuvo en «su lugar», su querida Biblioteca, un lugar que conocía al dedillo y amaba con todo su corazón. Celador en el Instituto San Lorenzo, en otra parte de su vida que dejó seguramente recuerdos y anécdotas inolvidables. También recorrió otros lugares en diferentes etapas, siempre con diligencia, siempre con amabilidad, siempre poniendo al otro por delante suyo. El quería permanecer «invisible»; no podía sostener una conversación en la que fuera el protagonista; lo irritaba. Ayudó a todo el que lo necesitara en silencio. Los alumnos de la Escuela del Paraje 3 Varones de Santiago del Estero fueron como los hijos que no tuvo, hablar acerca de ellos lo regocijaba. Escapó de cada homenaje que le hicieran o propusieran; en su vida siempre fue el otro el verdadero protagonista.

Hoy llegó el momento de decirle adiós. Pasar por la Biblioteca será diferente, seguramente el silencio se apoderará de ese maravilloso lugar de una manera muy particular. Hasta siempre querido Héctor. Q.E.P.D.

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