EDITORIAL. LLEGÓ LA HORA DE INVOLUCRARNOS.

Es innegable que existe una gran cantidad de gente que cree cada vez menos en políticos y en política, y cada vez más apuestan a las personas; están desgastadas las ideologías, es indispensable colocar a los partidos al servicio de la gente, de la sociedad. En una sociedad democrática como la nuestra, caracterizada por la pluralidad […]

Es innegable que existe una gran cantidad de gente que cree cada vez menos en políticos y en política, y cada vez más apuestan a las personas; están desgastadas las ideologías, es indispensable colocar a los partidos al servicio de la gente, de la sociedad. En una sociedad democrática como la nuestra, caracterizada por la pluralidad y la diversidad, no hay lugar para quienes pretenden imponernos las cosas, o creen tener la verdad absoluta. Es cada vez más común escuchar en la calle, en el café, en el banco, la expresión: No voy a votar.

Se trata de algo muy profundo y delicado: gran parte de la sociedad ya no cree en nada, ni en nadie. Hay una apatía nacional. Una mezcla de enojo y decepción. Un, «ya no me importa lo que digan o hagan».

Esa gente mira, escucha, pero sobre todo aguarda el momento para castigar a candidatos, partidos, instituciones electorales y al sistema político.

Algunos tratan de minimizar esta apatía creciente, pero es real. Siempre, aseguran, sucede lo mismo en las elecciones intermedias.

Esperemos que no sea así y que me equivoque, porque la abstención, hoy  a mi modo de ver, significa ceder espacios a quienes no representan nuestro verdadero sentir. Así que ésta no es una elección más. Hay mucho en juego. A esto deben entenderlo, los partidos y los candidatos. Se equivocan quienes, de acuerdo con la tradición, promueven al amigo, al pariente, al colaborador leal. Los equipos se forman a partir del talento y no de la confianza, sino caemos en la mediocridad. Yo no estoy de acuerdo con quienes manifiestan su desinterés y encima creen tener la solución para todos nuestros problemas, es hora de participar, ahora más que nunca. Se terminó el tiempo de criticar o de enfermarse con las redes. Llegó nuestra hora, la de hacer sentir nuestra voz, la de involucrarnos. Por el bien de todos.

 

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