Omar Etcheverry

Alicia Esain sigue ilustrando con su talento (aunque ella le llame suerte)

Guillermo Ibarra

Anduve de suerte en estos días dijo Alicia. Pero no fue suerte, fue su gran capacidad la que hizo que El Plan Nacional de Lectura de Uruguay publicara en la región Norte (Salto) una obra suya dentro de un boletín. Y descubrió además que, para capacitar docentes en 2009, la Provincia eligió una de sus obras (¿Donde cantan los fantasmas?) para un documento de apoyo.

El texto que sigue a continuación, es el publicado en Uruguay.

«El gato Liberato era un gato callejero muy simpático y vivía enamorado de la gatita Rita, una minina muy refinada que vivía del otro lado del pueblo. Tenía una casa enorme con techo de tejas y un jardín lleno de flores y pajaritos.
A Rita, los maullidos de amor de Liberato le llenaban el corazón de colores y un gran romance gatuno estaba en puerta…
Se aproximaba el cumpleaños de la gata y su casi novio quería sorprenderla con un regalo magnífico. El pobre Liberato no tenía ni para cáscaras de queso viejo, en realidad.
Así que decidió ir hasta el ceibo de la laguna donde vivía Córcholis, la lechuza sabia y curandera. Sólo tenía que llamar a la puerta de su nido, ése que estaba en el árbol frente al puentecito. El gato estaba seguro de que ella podría aconsejarle qué hacer.
Una mañana se fue hasta allá y la encontró tomando los primeros mates. Le comentó su problema. La lechuza revoleó tres veces sus ojos y llamó con tres chistidos a la nube de jejenes y a los diez mil mosquitos que eran sus guardaespaldas. Les dijo
que vigilasen el lugar, que se iba a dormir y a Liberato lo mandó de regreso para el centro del pueblo, no sin antes pedirle que volviese a la tardecita, que ahí sí tendría todo listo para resolver la cuestión.
Cuando el sol estaba listo para viajar por el horizonte hasta el otro día, el gato volvió a la orilla de la laguna donde estaban la lechuza, la nube de jejenes y a los diez mil mosquitos. Con tres chistidos Córcholis explicó su plan y se fueron todos hasta la
punta del juncal, donde estaba Cata, la pata, con sus seis patitos. La lechuza la llamó y en el acto, le indicó a Liberato que se subiese en el lomo de la pata. A la nube de jejenes y a los diez mil mosquitos les ordenó que la siguieran. Todo con tres chistidos, por supuesto.
Llegaron a la parte donde el barro es más barroso, donde los esperaban las cinco garzas elegantes amigas de Cata y paradas ellas, como de costumbre, en una sola pata. Cata las saludó y la lechuza, con tres chistidos, les transmitió lo que deseaba. Mientras tanto, Liberato, un poco asustado y otro poco asombrado, se quedaba donde estaba .La nube de jejenes y los diez mil mosquitos se ocupaban de que no perdiera el equilibrio. Las garzas llamaron a los teros. Vinieron muchos y a los gritos. Se enteraron por los tres chistidos de la lechuza de lo que se trataba en ese encuentro y salieron Córcholis, Liberato, Cata, los seis patitos y las cinco garzas más el montón de teros, la nube de jejenes y los diez mil mosquitos a buscar a los siete cisnes de cuello negro. Ellos anidaban en el juncal, para el lado de la vieja vía del ferrocarril. Una vez que los encontraron, la lechuza chistó
tres veces y rumbearon ella, Liberato, Cata, los seis patitos, las cinco garzas, el montón de teros, los siete cisnes de cuello negro más la nube de jejenes y los diez mil mosquitos hacia el puente de hierro de la vieja vía del ferrocarril.
En ese sitio estaba el biguá, el más viejo de esa laguna. Córcholis, con sus tres chistidos, le explicó lo que quería
de él y el biguá estuvo de acuerdo. Como se venía la noche, emprendieron todos el regreso a sus domicilios y al llegar a la orilla, la lechuza, con tres chistidos, le indicó a Liberato lo que debía hacer…
Cuando llegó el día del cumpleaños de Rita, el gato juntó unas cuantas flores de trébol amarillas del césped de la plaza, otras celestes de las que crecen en las calles de tierra y algunas madreselvas perfumadas. Armó un ramo muy coqueto, le puso un moño que encontró por ahí y se fue a buscar al amor de su vida. Maulló con toda la pasión de su corazón. Rita, muy feliz por los maullidos y el ramo, aceptó su invitación de pasear por la orilla de la laguna. Una vez que llegaron al paseo, el gato le guiñó un ojo al sol Ésa fue la señal convenida para que se presentase el 5 biguá como director de un magnífico espectáculo. Entre
chistidos, picotazos, gritos, cantos y danzas elegantes todos los bichos del lugar le dieron su saludo a la gatita.
Primero se presentó el biguá anunciando lo que iba a ocurrir, luego desfilaron los siete cisnes de cuello negro y después se lucieron las cinco garzas paradas en una sola pata. A continuación cantó el montón de teros y luego de ello, apareció nadando con mucha gracia Cata, la pata. Con ella venían no sólo sus seis patitos sino también una bandada completa de patos silbones llegados a último momento y al compás del Danubio Azul.
La nube de jejenes y los diez mil mosquitos se encargaron de que nadie molestase en esa fiesta. La lechuza fue aprobando cada actuación con tres chistidos…
¿Rita y Liberato? ¡Ah, qué romántico! Sentados bajo la sombra de un sauce, ronronearon de felicidad .Al rato la luna, grande,
redonda y amarilla como un queso de los que se hacen en el lugar, les avisó que era hora de concluir el festejo e irse a dormir…
Todos menos la lechuza, porque ella, cuando es de noche, sale a trabajar…»

 

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