Omar Etcheverry

ÁLVARO de LAMADRID OPINA EN INFOBAE. REVITALIZACIÓN O DEGRADACIÓN DE LA POLÍTICA.

Guillermo Ibarra

La corrupción en la Argentina es consecuencia de la impunidad lacerante de años. La impunidad es la partera de todas nuestras desgracias. Necesitamos transparencia. El país del futuro se alumbra con transparencia y mayor participación. Con más democracia y mejor institucionalidad.

Nada daña más a la democracia que la falta de rendimiento del sistema democrático. Y la mayor falta de rendimiento del sistema democrático se expresa cuando el poder no puede ser controlado, investigado y auditado. Eso es lo que genera hastío en la sociedad: la impunidad en la que vive inmersa la Argentina.

¿Cómo salimos de esta situación? Es vital generar anticuerpos institucionales y sociales que pongan fin a la dramática disminución de la sanidad republicana que venimos experimentando. La democracia no puede reducirse a la elección de representantes en forma periódica.

Debemos recuperar la buena política. El sistema necesita de modelos claros y de ejemplos que estén dispuestos a profundizar la democracia para asegurar mejores instituciones, más eficientes y eficaces, para ampliar las conquistas sociales de los ciudadanos.

Hoy se nos presentan dos casos que explican lo que nos pasó, pero, al mismo tiempo, esas situaciones nos ponen como sociedad frente al desafío de cómo lo vamos a resolver.

El pedido de desafuero y detención del ex ministro de Planificación Julio de Vido, más allá del rechazo posterior del juez federal Luis Rodríguez, y el apartamiento de Alejandra Gils Garbó como procuradora de la nación son los temas que nos interpelan. El tratamiento de estos dos asuntos son una oportunidad acerca de cómo vamos a mirar para adelante en términos de institucionalidad sabiendo lo que debemos dejar atrás.

El modo de resolver estas cuestiones es tan importante como lo que nos pasó. Somos los que nos pasó y lo que hacemos. Lo cierto es que De Vido y Gils Garbó deberían estar presos. Ello no ocurrió por la impunidad que les permitió no rendir cuentas por nada, y hoy ser diputado y procuradora de la nación, respectivamente.

Esto sucedió porque el delito se impuso sobre la ley y el poder sobre la república. Hoy vemos que peligrosamente se buscan atajos para suplir la no actuación. Se buscan impactos electorales de corto plazo. Se da prevalencia al deseo de ser popular por encima del deber de ser responsable. Se abraza el corto plazo y la inmediatez sobre la institucionalidad y el futuro.

Por eso, hoy se sobreactúa, porque lo que muchos persiguen es tapar la complicidad y la falta de actuación de años, sin importar buscar soluciones responsables a estos temas.

Mi personal apuesta republicana de estos años, aceptando vivir en peligro, teniéndome que cuidar por años del Gobierno de Néstor y Cristina Kirchner por denunciar tempranamente su corrupción y el avasallamiento enfermizo de las instituciones; viviendo amenazado de muerte y en peligro permanente, habiendo sufrido ataques, persecuciones y el incendio y la destrucción de mi vivienda, partió de la convicción y el compromiso de luchar para poner el poder en las instituciones y no en las personas.

Desde ese lugar es que vengo a plantear que no es con menos democracia e institucionalidad como resolvemos los casos De Vido y Gils Garbó. De Vido debe ser expulsado o desaforado y Gils Garbó debe ser sometida a juicio político. Nada tiene que ver esto con abolir los fueros parlamentarios o bien con desplazar a la procuradora de la nación por decreto. En democracia importan las formas y el fondo. Los medios y los fines. No se combate al canibalismo comiéndose a los caníbales. No podemos avalar el hecho de cometer determinados males para salvarnos así de un mal mayor. Es importante que encaremos estos temas resistiendo y dejando de lado el cálculo del interés.

Los fueros parlamentarios son irrenunciables. Se otorgaron a los legisladores como miembros de la Cámara y tienen un fin noble, son el resultado de una larga lucha del republicanismo conquistada sobre una montaña de cadáveres. John Adams, Thomas Jefferson, James Madison, presidentes de Estados Unidos, no podrían creer si vivieran y se les contara que para juzgar el delito cometido por un funcionario público que nunca se investigó por años ahora es necesario terminar con los fueros parlamentarios. Qué peligro encierra esto. El peligro del desatino y el dislate institucional. Mañana se podría sacrificar la democracia para dar fin a otra cuestión que no se resolvió como se debía resolver.

En cuanto a Gils Garbó, de igual modo, es la propia Constitución Nacional la que determina que debe ser removida por juicio político y no por decreto. Los jueces de la Corte tampoco pueden nombrarse por decreto, así sea en comisión como se intentó y se rectificó, de buena manera, más tarde. No construimos futuro y no construimos el país que debemos construir de cualquier modo. Debemos aprender que no se trata sólo de dejar atrás lo malo que nos dañó tanto, sino de concretar efectiva y estructuralmente nuestra democracia.

Estas situaciones son una oportunidad para revitalizar la política o bien para normalizar su forma degradada. Necesitamos mejor institucionalidad, más controles y más participación. Debemos afianzar la Justicia para que a funcionarios como De Vido se los pueda juzgar y encarcelar en el tiempo que corresponde y funcionarios como Gil Garbó nunca puedan ser procuradores.

 

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