Omar Etcheverry

De Venezuela a Navarro. La historia de Ronny Rojas Gallardo y su familia.

Guillermo Ibarra

Ronny  Miguel Rojas Gallardo, un venezolano que ahora es mi vecino, llegó con su mujer Esther Álvarez y sus dos pequeños hijos, Sergio y Natalia el 20 de febrero de este año a la Capital Federal, procedentes de Barquisimeto. Me cuenta que lo hizo con la expectativa de poder ejercer su profesión, tanto él, como su esposa. Ronny, nos dice que su esposa es Licenciada en Comunicación Social y él es Ingeniero Agroindustrial y eligió nuestro país por la gran producción de alimentos que ostenta, ya que es uno de los principales abastecedores de carne, leche y soja. Primeramente estuvo evaluando la posibilidad de ir a los E.E.U.U., pero cuenta que era bastante complicado.  Son una familia muy agradable que está en pleno proceso de adaptación a nuestro país, a nuestras costumbres y especialmente, a las de nuestra ciudad.

Refiere que vinieron a Argentina buscando nuevos horizontes y cuando llegaron, el choque fue bastante grande. En Capital Federal se encontraron con personas muy receptivas, pero se toparon con una realidad económica algo distinta a la que les habían comentado a ellos otros venezolanos amigos. Fue bastante duro al principio, ya que ellos están aquí por elección, pero para venirse dejaron su casa, su coche, sus afectos, sus proyectos, todo. Fue un volver a empezar. Buscaron donde hospedarse, hicieron los papeles respectivos y luego a buscar trabajo de lo que sea. Eso duró unos meses hasta que enviaron su currículum a diferentes empresas y gracias a Dios, los llamaron de nuestra ciudad, puntualmente, de la firma Yatasto. Ellos ya tienen todos sus papeles en regla y son parte de los miles de venezolanos que viven aquí. Según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, la llegada de venezolanos se triplicó en los últimos 18 meses, y de acuerdo a un informe del Instituto de Políticas Migratorias y Asilo de la Universidad Tres de Febrero (Untref), la mayoría llegó por el agravamiento de la situación en su país y gracias a las facilidades que ofrece la Argentina para tramitar una residencia legal. Pero Ronny nunca se quejó de nada, ni mencionó ese tema, sólo me cuenta que vino en busca de volver a empezar, trabajar y escribir su propia historia.

«Hasta junio último había más de 40.000 venezolanos viviendo legalmente en la Argentina. Y para que se den una idea del crecimiento de esta migración, el 10% llegó en los últimos tres meses. Estuve investigando un poco y por ejemplo, los datos de Migraciones de 2014 indicaban que durante el año, unos 5700 venezolanos habían llegado al país. Para 2017 se estima que sean más de 15.000.

La Argentina concentra la mayor migración venezolana entre los países que no tienen frontera o están muy próximos a Venezuela, como Colombia y Brasil, y Panamá, que son los que más venezolanos han recibido en los últimos años.

La mayoría de los venezolanos que llegan al país son jóvenes profesionales, en sus 30 años, de clase media y que arriban con algunos ahorros y recursos como para empezar una nueva vida. Según distintos estudios que he leído, dos de cada tres venezolanos que llegan al país tienen estudios universitarios o de posgrado. Casi siempre comienzan trabajando en el sector de servicios, en puestos que no tienen relación con su capacitación profesional, pero una vez que logran su documentación y pueden revalidar sus títulos, sin gran dificultad consiguen insertarse en el área en que se especializaron. Éste es precisamente el caso de nuestros nuevos vecinos, que son gente que además de ser respetuosa y educada, se nota que está más que capacitada.

«La decisión no fue para nada fácil, de hecho renuncié a mi trabajo y a un montón de cosas. Con los nenes es aún más difícil. De todos modos a pesar de tener que experimentar muchos cambios de hábitos y culturales, nos vinimos acá a probar», dice Ronny.

Su esposa Esther tiene primos trabajando en Capital Federal y Mar del Plata.

Otro de los temas que abordamos fue el de los chicos, ya que son muy chiquitos y deben lograr amortiguar el golpe que produce el desarraigo lo más pronto posible.  Uno de sus hijos está concurriendo al Instituto San Lorenzo a estudiar y también lo anotaron en E.F.I.N. para que pueda jugar al fútbol como lo hacía en Capital, ya que es su gran pasión.

Su idea es quedarse acá, tranquilizarse, amoldarse al lugar, y visualizar bien que hacer, pero es consciente de que pronto deberán tomar una decisión. El tiempo lo dirá todo. Indudablemente que extrañarán a diario todas sus vivencias en Yaritagua, Estado de Yaracuy, pero en Navarro seguramente haremos algo para que se sientan a gusto.

Para finalizar Ronny nos comentó que en la llegada a Navarro sintieron la diferencia en el trato y en la receptividad de las personas. Está muy contento con su trabajo y sus compañeros y eso es realmente muy bueno y seguramente lo ayudará mucho. En Venezuela trabajó en Lácteos Los Andes casi 11 años y nos cuenta que aportó mucho a su país a través de ese trabajo. Esther, su esposa está ahora abocada un poco más a la familia y a la crianza de sus hijos.

En fin, debo contarles que estamos ante una familia encantadora, con ganas de trabajar y de salir adelante, con dos hijos hermosos que ojalá sepamos como buenos Navarreros, contener e integrar a nuestra ciudad.

Bienvenidos a Navarro, Ronny, Esther, Sergio y Natalia.

 

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