Omar Etcheverry

Después de miles de intentos, el ajedrez será deporte olímpico

Guillermo Ibarra

El ajedrez, tras casi un siglo de vanos intentos, parece encaminarse hacia un reconocimiento internacional de la actividad; con el debut -como deporte de exhibición- en los XII Juegos Suramericanos (ODESUR) que se están llevando a cabo en Asunción (Paraguay) ha efectuado su primer movimiento en la búsqueda de un sueño centenario: ser parte del calendario deportivo del Comité Olímpico Internacional (COI).

Por eso, entre el sábado 8 y el domingo 9, el ajedrez hará su presentación en dos competencias con modalidades diferentes: ritmo Blitz (partidas de 3 minutos más 2 segundos adicionales por cada movimiento para cada jugador) y ritmo rápido (10 minutos más 10 segundos). Las pruebas serán divididas en las categorías: Absoluto (reúne hombres y mujeres) y Femenino. Además habrá una tabla mixta por equipos en la que se sumarán las actuaciones individuales de los representantes de cada país.

La pareja argentina seleccionada la conforman: Federico Pérez Ponsa (actual campeón argentino y N°7 del ranking local) y Claudia Amura (la mejor ajedrecista femenina en el historial de este país).

Hace cuatro años, por iniciativa del ingeniero Mario Petrucci, presidente de la Federación Argentina de Ajedrez (FADA), se llevó a cabo una reunión junto al vicepresidente de FIDE América, el brasileño Darcy Lima, el por entonces presidente de la Federación Paraguaya de Ajedrez, Ronald Zarza (actualmente se desempeña como secretario) y el dirigente paraguayo Camilo Pérez López Moreira, que desde hacía unas semanas había asumido la presidencia de la Organización Deportiva Suramericana (ODESUR). La falta de tiempo impidió en esa ocasión llevar el ajedrez a los Juegos de Cochabamba 2018, pero se programaron nuevas reuniones de trabajo con un único objetivo: Asunción 2022.

Recién durante los Juegos Panamericanos Lima 2019 se consiguió sumar a la mesa de negociaciones al presidente de la FIDE, el ruso Arkady Dvorkovich, Víctor Bologan, director ejecutivo de FIDE, Fidel González, presidente de la Federación Venezolana de ajedrez, José Carrillo, presidente de la Federación Panameña de Ajedrez, y actual presidente de FIDE América. También participaron del encuentro Camilo Pérez López Moreira y Mario Moccia, N°1 y 2 de Odesur. Acaso, la admiración que Camilo Pérez siente por el ajedrez fue decisiva a la hora de esbozar los primeros borradores. La reunión resultó exitosa y el ajedrez fue incluido en la agenda del Congreso Odesur 2020 para tratar su incorporación en Paraguay 2022.

Los Juegos Odesur nacieron por una iniciativa argentina en 1976 y contó con el apoyo de 15 países de América del Sur, América Central y el Caribe: Argentina, Aruba, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Curazao, Ecuador, Guyana, Panamá, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela son sus integrantes. La 1ª edición se realizó en Bolivia en 1978, y desde entonces los Juegos Odesur se llevan a cabo cada cuatro años; Argentina fue sede en dos ocasiones: Rosario (1982) y Buenos Aires (2006).

Entre las olimpíadas y los Juegos Olímpicos

Aunque el ajedrez se trata de una actividad milenaria -su nacimiento se estima en Cachemira, India, alrededor del siglo IV a.C-, sus reglas fueron modificadas por última vez en el siglo XV en España -se incorporó a la Dama y a la ejecución del enroque en un solo movimiento-, y desde 1886 -diez años antes del comienzo de la Era moderna de los Juegos Olímpicos en Atenas- se vienen desarrollando sus campeonatos mundiales, nada de ello pareció ser suficiente para que fuera tratada su inclusión en la agenda olímpica. Una celada sin respuesta.

Hubo un intento en 1924, durante los VIII Juegos Olímpicos en París, cuando varios dirigentes y ajedrecistas acudieron a la cita con el fin de solicitar su inclusión en la competencia. Pero esa vez fue el propio barón Pierre de Coubertin (presidente del COI) el que puso la estocada final: “Los deportistas deben ser amateurs y en el ajedrez sus jugadores lo practican por dinero”.

Si bien la actividad no contaba aún con jugadores profesionales, los premios en metálico eran la forma modesta de subsistencia de los ajedrecistas. El desaire parisino provocó que los representantes de los 15 países (entre ellos la Argentina, con Roberto Grau, dirigente, ajedrecista y periodista) allí reunidos decidieran que había llegado el momento de la creación de una entidad rectora de la actividad. Así fue como el 20 de julio de 1924 fue fundada la Fédération Internationale des Échecs (FIDE, según el acrónimo francés) e inmediatamente se dispuso el armado de una competencia paralela.

En París, en 1924, que de manera oficiosa se disputó la primera competencia (exclusiva de hombres), pero a partir de 1927, el certamen tomó carácter oficial y forma bianual. En 1939, durante el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Buenos Aires fue sede de la 8ª edición y de la última Copa de las Naciones. Los horrores y espantos de la guerra también alcanzaron al ajedrez, y recién en 1950 regresó la actividad bajo un nuevo nombre: Olimpíadas de Ajedrez (una especie de Mundial de seleccionados por equipos). Desde entonces sigue vigente la tradición, a la que se sumó la categoría femenina, a partir de 1957.

Hubo que esperar casi 80 años para que el ajedrez y el COI bailaran al compás de un bolero, sus dulces inquietudes y amargos desencantos. En 1999, durante la presidencia de Juan Antonio Samaranch, el dirigente catalán tomó la decisión de reconocer a la actividad como deporte olímpico. Aunque no la incluyó en el programa oficial de los Juegos.

Las faltas de control de dopaje y de reconocimiento a un campeón mundial oficial (La FIDE había despojado del título a Kasparov, el que a su vez había creado un organismo paralelo para regir la actividad, la Asociación de Profesionales de Ajedrez -PCA-) detuvo el envión y sólo se logró que la actividad tuviera una participación como “invitado” en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.

La regularización de los Mundiales tras el retiro de Kasparov en 2005 y la inclusión de los controles de dopaje en las principales competencias del calendario de la FIDE, le permitió un lugar entre las disciplinas de los Juegos Asiáticos: Doha 2006 y Guangzhou 2010, pero el Comité Olímpico Internacional no lo tuvo en cuenta para los Juegos de Londres 2012, Brasil 2016 y Tokio 2020. El ajedrez había dejado escapar su oportunidad.

Hubo una brisa de aliento de confianza con la llegada de los Juegos de París 2024, el mismo año en el que la FIDE celebraría el 100° aniversario de su creación, pero aunque el ente rector del ajedrez cuenta con 195 naciones miembros (federaciones), más de 600 millones de practicantes en el mundo, se trate de una actividad que no discrimina por edad ni género y hasta se registran más de 8 millones de partidas diarias a través de Internet, nada de ello alteró la postura del COI para la cita francesa.

No obstante, América parece empeñada a no rendirse, es que a los Juegos Odesur 2022, acaba de anunciarse la incorporación del ajedrez como deporte oficial en los XXIV Juegos Centroamericanos y del Caribe que se realizarán en San Salvador en 2023. Otro pasito más.

Acaso, porque el ajedrez tiene la facultad de prever movimientos o anticiparse a las respuestas, desde la FIDE y junto a varias federaciones de la región, la mira está puesta en los Juegos Panamericanos en Medellín 2027. El dirigente paraguayo Ronald Zarza, que integra la comisión de Odesur y el Comité Olímpico Paraguayo, dio su visión sobre el tema: “Creo que tenemos buenas chances; hay cinco años para trabajar, para hacer lobby con el Comité Organizador de Colombia y la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA). Todo dependerá de la gestión pero en lo personal creo que estamos bien y vamos a estar mejor”.

El ajedrez frente a un nuevo desafío; la ejecución de un movimiento para la memoria u otra vez batallando frente al olvido.

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