Omar Etcheverry

Mercados. Lechería. Nota de Revista Supercampo a Sebastián Etcheverry.

Guillermo Ibarra

La revista Supercampo entrevistó en los últimos días del mes pasado a Sebastián Etcheverry. Aquí la nota completa.

LECHERÍA – NAVARRO. UN TAMBO QUE CRECE.

Cómo se administra exitosamente un negocio en Navarro que comenzó con 50 vacas en ordeño y un campo alquilado. Hoy tiene campo propio y la producción diaria supera los seis mil litros.

La actividad tambera muestra una lenta recuperación que se comienza a reflejar en pequeñas inversiones que realizan algunos productores, pero si los deberes no se hicieron bien, es difícil remontar la cuesta. No es el caso del tambo San Andrés que hoy exhibe con orgullo una producción de casi 10.600 litros de leche por vaca, por año. Ubicado en cercanías de Navarro, en el sudoeste bonaerense, es uno de los más importantes de esta cuenca lechera. “Estamos hablando de un promedio, pero debemos tener en cuenta que el total diario de leche ordeñada depende. Un Tambo que crece muchas veces del día y del lote que pastoree cada vaca”, explica a SUPER CAMPO Sebastián Etcheverry, propietario del establecimiento y tambero por tradición, pero más por vocación. El campo tiene 220 hectáreas con una parte implantada con alfalfas y trébol blanco, festuca y cebadilla. Entre 40 y 50 hectáreas se asignan a maíz para silo. Del total de esa producción, una parte es ensilada y la otra se destina a la elaboración de balanceado para consumo propio y comercialización.

STOCK. El rodeo vacuno está formado por unas 480 vacas (secas y en ordeño), vaquillonas y terneras. Entre 220 y 230 se encuentran en ordeño y además se registra un toro. Las hembras son de la raza Holando Argentino, pero también hay algunas Jersey que quedaron del anterior propietario. Los animales pastorean dos veces por día y esta modalidad representa entre el 70 y el 80 por ciento de la dieta que reciben las lecheras. El 30 por ciento restante está formado por la entrega de silo de maíz y de alimento balanceado: “La producción diaria de leche de las vacas puede variar entre 28 y 30 litros diarios, porque depende mucho de lo que coman en el día”, agrega el productor lechero Etcheverry. Luego, a la hora de los ordeños diarios cada vaca recibe alrededor de 7 kilos de balanceado, 4 kilos a la mañana y 3 kilos por la tarde. La leche producida en San Andrés se destaca por tener entre 3,7 y 3,8 por ciento de grasa butirosa por mililitro y entre 3,1 a 3,2 por ciento de proteínas. Etcheverry aclara que en la relación la grasa siempre tiene que estar un poquito por encima para tener un buen balance, y para que la fábrica no tenga problemas al elaborar los quesos. “Una vez por semana se hace un análisis de la leche que recibe la fábrica y en función de los resultados vamos modificando la alimentación”, explica Etcheverry. Uno de los mayores esfuerzos del establecimiento se concentra en mejorar la calidad de la leche para alcanzar una menor cantidad de unidades formadoras de colonias y disminuir el recuento de células somáticas, aunque “algunas fábricas son bastante permisivas, nosotros, como explotación lechera nos impusimos ese y 30 litros diarios, porque depende mucho de lo que coman en el día”, agrega el productor lechero Etcheverry. Luego, a la hora de los ordeños diarios cada vaca recibe alrededor de 7 kilos de balanceado, 4 kilos a la mañana 4 kilos y 3 kilos por la tarde. La leche producida en San Andrés se destaca por tener entre 3,7 y 3,8 por ciento de grasa butirosa por mililitro y entre 3,1 a 3,2 por ciento de proteínas. Etcheverry aclara que en la relación la grasa siempre tiene que estar un poquito por encima para tener un buen balance, y para que la fábrica no tenga problemas al elaborar los quesos. “Una vez por semana se hace un análisis de la leche que recibe la fábrica y en función de los resultados vamos modificando la alimentación”, explica Etcheverry. Uno de los mayores esfuerzos del establecimiento se concentra en mejorar la calidad de la leche para alcanzar una menor cantidad de unidades formadoras de colonias y disminuir el recuento de células somáticas, aunque “algunas fábricas son bastante permisivas, nosotros, como explotación lechera nos impusimos ese objetivo, siempre lo miramos”, detalla el productor. La sala está equipada con una ordeñadora espina de pescado con catorce bajadas y fue construida de modo que mientras se ordeña una tanda, la otra sale del lugar. También dispone de una fosa en la que trabajan los operadores para poder colocar las pezoneras en los animales. El área de espera es un playón con piso de cemento cubierto con una media sombra, ubicado frente a la sala de ordeño. También está equipado con dos tanques enfriadores. El tambo se inició en 2006. “Empecé con un campo alquilado y 50 vacas, y hacíamos el ordeño con un sistema de bretes a la par; luego apareció la oportunidad de comprar el campo, se hizo el tambo nuevo con las instalaciones que tiene ahora”.

SELECCIÓN. La genética empleada en San Andrés es propia, aunque en algún momento se adquirió en cabañas conocidas de la zona. “La reposición de las hembras la hacemos con cría propia y en años muy buenos vendimos vaquillonas a algún tercero que nos vino a comprar”, agrega. Del total de hembras, 250 son vacas, entre 70 y 80 vaquillonas preñadas y alrededor de 160 terneras. “Todas las hembras son inseminadas en forma artificial, el tambero va al campo todos los días, detecta el celo y las insemina por la tarde”, explica Etcheverry. Una de las prácticas incorporadas desde hace varios años para las vaquillonas “es utilizar en la inseminación semen sexado para aumentar la cantidad de hembras y tener una mayor disponibilidad para futuras ventas. El segundo servicio también se hace con semen sexado, porque el crecimiento permanente del tambo es con un mayor ingreso de hembras”, amplía. Las pariciones más fuertes se producen entre marzo y mayo. El período de inseminación se inicia en julio de cada año. En marzo paren las vaquillonas o las vacas, luego se ordeñan, se deja pasar el primer celo para que la vaquillona se recupere del parto y logre un buen estado corporal, viene el veterinario, se hace un tacto para determinar si está en condiciones de ser preñada, se la da de alta para el servicio y se insemina. “Si la vaquillona quedó preñada vuelve al rodeo; en caso contrario se espera a un nuevo celo, se le da otro servicio. Se intenta tres o cuatro veces, si no queda preñada recurrimos al servicio natural con el toro”, detalla el productor.

Cómo se comercializa

Toda la producción de leche de San Andrés se entrega a una PyME láctea de Navarro que se dedica a la elaboración de quesos. El pago al productor por la leche entregada, que incluye una bonificación, es a través del nuevo sistema de liquidación del precio de la leche llamado “Sistema Integrado de Gestión de Lechería Siglea”, que deben aplicar todas las fábricas. “Se trata de una Pyme que se instaló en Navarro hace cerca de 20 años y, desde hace 10 trabajo con ellos de muy buena manera. Les entrego toda la producción y la gran ventaja es que puedo negociar los precios en forma directa y personal, en forma muy distinta a si lo hiciera con una fábrica grande”. El tambo recibe por la leche entregada a la fábrica, $5,70 por litro: “Hoy el número cierra ajustado comparado con lo que fue la crisis de 2015 que dejó fuera del sistema a varios colegas”, añade el tambero.

El negocio está en la diversidad

Sebastián Etcheverry, además de dirigir el tambo San Andrés, tiene la responsabilidad de gerenciar el emprendimiento Omar Etcheverry, una empresa familiar que abarca varias áreas del negocio agropecuario. Una de las patas es la explotación de 4.000 hectáreas que comparte con sus hermanas, que además de tener tambos cada una de ellas forman parte del negocio familiar. La explotación agrícola está dividida en un 50 por ciento para soja de primera con un promedio de 3.700 kilos/ha y de segunda, con 2.800 kilos/ha. La producción de maíz alcanza los 9.000kilos/ha y la de trigo se ubica en un promedio de 4.200 kilos/ha. De la producción de soja una parte se industrializa como aceite en una planta propia que se utiliza en la elaboración de los balanceados, y la otra se vende. El trigo se entrega a un molino en cercanías de Navarro; el maíz se utiliza para consumo propio y la producción de alimentos balanceados. Una parte se comercializa a productores de la zona y la otra queda para consumo de los establecimientos de la familia. La empresa hoy ocupa a 70 personas, tiene tres plantas de acopio, dos en Navarro y una en Lobos. Y como si fuera poco, además se dedica a la producción de semillas certificadas de calidad. Toda una apuesta a la diversidad. En ganadería la empresa se dedica a la cría e invernada de ganado para carne, con terminación a corral. “Gracias a la diversificación, muchas veces pudimos sobrellevar el tambo”, resume el productor.

Fuente y fotografía: «Supercampo».

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