Omar Etcheverry

NO TODO ESTÁ PERDIDO. HISTORIAS DE SOLIDARIDAD Y BUENA GENTE. ALBERTO VADILLO (9 DE JULIO).

Guillermo Ibarra

La mirada de auxilio de un niño conmovió para siempre a Alberto Vadillo, de 67 Años: eligió el compromiso de hacer lo posible por combatir el haber y las enfermedades de los la de los pueblos rurales que viven prácticamente en la miseria y sin acceder a cuestiones elementales, como el agua potable o la salud. Alberto decidió no esquivar la mirada de ese niño, y por eso desde hace 14 años y a bordo de su camión, acerca esperanza a más de 4000 personas, con la ayuda de su familia y de 50 voluntarios de 14 ciudades del país.

«Nosotros trabajamos para cubrir muchas necesidades de esta gente, que está totalmente abandonada en pleno territorio argentino. Esta gente nos necesita, a todos, a todos los que tengamos la voluntad de ayudarlos».

Las necesidades de estas comunidades son tales, que Alberto y su gente encaran su trabajo desde varias perspectivas antes de visitar los pueblos, tarea que realizan tres veces por año.

Así, para mejorar la salud de las poblaciones que visitan, Alberto pide ayuda voluntaria a médicos, para que lo acompañen en las visitas, y a farmacias, para que donen remedios para los pueblos que visitan. Hoy también están equipando escuelas y hospitales. Alberto organiza campañas de concientización en los colegios sobre las necesidades de los pueblos originarios, adonde se juntan útiles, alimentos, computadoras, cocinas y tv que llegan por donación de los alumnos. Por otro lado, el equipo de Alberto organiza recitales y colectas entre los jóvenes, para poder conseguir alimentos, ropa, calzado para los beneficiarios. También se consigue ayuda a través de una página de Facebook llamada Ayuda Aborigen, que permitió ampliar la base de apoyo entre los más jóvenes.

El toque distintivo de la iniciativa es el Camión-circo: Alberto reúne jóvenes voluntarios que con música y payasos generan momentos de alegría y esparcimiento con los niños de la zona. Es un momento inolvidable para los chicos, que no están acostumbrados a ser visitados y, menos, a ser entretenidos con ese estilo.

Como Alberto y sus colaboradores, entre los que se encuentra su hijo Oscar, tienen trabajos, las donaciones y los viajes se organizan en cada momento libre que tienen. “El tiempo es relativo, como tengo un comercio, siempre tratamos de ir acomodando las donaciones. Y después salimos con el camión por las distintas ciudades a retirar otras donaciones y luego repartirlas”, dice Alberto.

El objetivo de Alberto es concientizar a los más jóvenes sobre la situación de abandono de las comunidades del Chaco, “porque ellos son los únicos que pueden cambiar esta situación, mejorar y equipar a las escuelas y comedores de estos pueblos”.

Según contó Alberto, la iniciativa es 100% a pulmón, y todos los que allí trabajan lo hacen en forma voluntaria. Los gastos en nafta, traslados, arreglos de los transportes corren a cuenta de los Vadillo y los voluntarios. Cada voluntario se paga el pasaje de micro para acompañar el camión de Alberto al pueblo que se visita.

El sueño de Alberto es implementar la instalación de pozos de agua en los pueblos que visita, para mejorar su calidad de vida, ya que la falta de acceso al agua potable es uno de los problemas más graves de los beneficiarios.”El agua potable les cambia la vida, ya que les permite tener salud, cultivar sus alimentos e higienizarse”, explica Alberto.

Cómo nace

La iniciativa nació en forma espontánea, en 1997, a partir de la mirada de un niño. Alberto entendió que ese chico le pedía que no lo abandone. “Con su silencio, pero con su mirada, me hizo bajar la vista. Luego, sin hablarme, se fue y desapareció. Desde entonces ayudamos con mi señora y el camión”, explicó.

Quién es

Alberto Vadillo tiene 67 años, es de Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, fue camionero toda su vida y hoy, jubilado, tiene un comercio de frutas y verduras. Desde hace 14 años, con su mujer y su hijo, recorre el país buscando y trasladando donaciones para los pueblos rurales del Chaco.

Su huella

Hace 14 años la mirada de un niño aborigen cambió mi vida. Creo que ese niño me pedía ayuda, me pedía que no lo abandonase.
La incansable acción de Alberto y los suyos llega hoy a 4000 personas, entre niños, adolescentes y ancianos. Trabaja para mejorar su alimentación, educación y salud. Con su trabajo, se evitan posibles muertes a causa de desnutrición o infecciones por las malas condiciones sanitarias. “Nosotros trabajamos para cubrir muchas necesidades de esta gente, que está totalmente abandonada en pleno territorio argentino”, dice Alberto.

“Cuando ellos vienen, vemos caras alegres, ojos brillantes, cosas que en un niño deben verse todos los días y que acá no se ven muy seguido. Todo gracias a esta gente”, dijo Juan Carlos, maestro de una de las escuelas que recibe el camión-circo de Alberto.

 

 

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