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Novena vuelta de Lobos de las Baquets. Este fin de semana pasaron por Sol de Mayo y La Blanqueada

Guillermo Ibarra

Puede que sea la manera más simple y divertida de tener un clásico, pero también la más sacrificada. De tener una baquet hablamos, una máquina de antaño pensada para correr lo más rápido posible con los rudimentos de preparaciones mínimas, consistentes en alivianar el bólido hasta despojarlo de todo su ropaje superfluo. Una baquet, así llamada por la singularidad de los asientos con que este tipo de automóviles eran equipados, representa el minimalismo mecánico pero al mismo tiempo el desafío de respetar la época en que fueron concebidos, que va de principios de la década del 10 a fines de la década del 30 del siglo pasado. Un total de 48 baquets largaron el sábado en Cañuelas, la novena edición de la Vuelta de Lobos, y 45 de ellas completaron el exigente recorrido de dos días, que terminó el domingo en el Parque Ingeniero Hiriart.

La prueba comenzó el sábado en el kilómetro 72 de la Ruta 3 y continuó por Abbott, Francisco Berra, Videla Dorna, por la Ruta 30 se llegó a Roque Pérez, luego a Carlos Begueríe, Salvador María, y terminó en la Laguna de Lobos. El domingo el recorrido comprendió Arévalo, Sol de Mayo, La Blanqueada y la salida a la Ruta 41 por Las Chacras, llegando al Parque Hiriart donde los esperaban las autoridades municipales encabezadas por el Intendente Etcheverry.
Rafael Arufe y Claudia Molina, de Glew, con una Plymouth 1938, fueron los ganadores. Segundos llegaron Daniel y Adrián Longobucco, de Olivos, en una Pontiac 1934. Terceros fueron Walter y Sandra Birocho de La Plata, con un Ford A 1929.

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