Omar Etcheverry

Recuerdo de grandes personas. Hoy, Coco Corbetta.

Guillermo Ibarra

Las personas buenas nunca mueren. Y es por eso que siempre están presentes. En el interior de nuestra ciudad, más precisamente en Las Marianas seguramente hay más historias como esta, pero hoy recordaremos a Coco, por su don de gente, por su amabilidad, por su legado. Yo lo conocí en mis épocas de Oficial de Justicia, su almacén era la parada obligada a degustar el mejor jamón crudo que jamás hubiese comido. Compartimos hoy con ustedes, este fragmento escrito por Javier Pintos en una de sus visitas a la ciudad de «los torteros».

RECORDANDO A COCO.

Nos encontramos en Las Marianas, un pueblo que una vez que lo conozcas no dejaras de venir, por su hermosura, por sus calles de tierra, su gente, sus boliches. Pertenece al partido de Navarro, Buenos Aires, Argentina. En esta oportunidad a punto de entrar al Bar Almacén “El Recreo” de Coco Corbetta y de su inseparable Juana Capdevila. Los invito a conocerlo!
Apenas entras al pueblo Las Marianas, te topas con el cartel y la patrona del mismo, Santa Teresita del Niño Jesús, ahí nomas tomás el camino de la derecha que te llevara directamente con el Bar-Almacén “El Recreo”. Este fue inaugurado en el año 1926 por José Carnevalli y Humberto Miggiotti y el que fue atendido por más de cincuenta años por Juan “Coco” Corbetta y su esposa Juana. Se trata de un viejo almacén de campo con un largo mostrador de madera, en cuyo extremo aún se conserva parte del “estaño” y el antiguo largo grifo de bronce junto a la pileta, estanterías de piso a techo que almacenan cantidad de botellas de antaño. Posee esos techos altos de tirantes con ladrillos a la vista y un piso que es parte de pinotea el cual se nota su años de largo tránsito paisanero, y la otra, de pisos de mosaicos calcáreos dibujados. Al atardecer los paisanos de la zona, se juntan a tomar un vermouth, otros no pierden tiempo y arman ronda con el vicio de los naipes, otros leen el diario , charlan de sus vivencias y cosas cotidianas que pasan en el pueblo. Atendido por Coco un experto hacedor de vermouth y Juana que lo ayuda cobrando y anotando todo en un cuaderno. Muchos son los visitantes que recibe, a veces vienen contingentes en micro como grupo de jubilados y cantidad de grupos de estudiantes de fotografía que asombrados no dejan ni un detalle por plasmar ese momento único vivido. Y fueron esas mismas sensaciones las que vivi personalmente visita tras visita, pues era religioso si o si, pasar a saludarlos y a esperar ese rico vermouth servido por el maestro. Siempre tan dispuestos a una linda y jugosa charla con anécdotas vividas y sin un no! al click de mi ansiosa cámara que cobraba vida al estar entre esas paredes que te transportaban al pasado y dejar cada instante plasmado para la eternidad. Que loco no! Unas simples fotos y tanto por detrás.

Javier Pintos.

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